
Me llamo Isabel. Desde que recuerdo, he sentido una inquietud artística que me impulsa a buscar la belleza en todo lo que hago, convencida de que es parte de nuestro ser como personas. Por eso, doy tanto valor a que la belleza esté presente en lo cotidiano: desde la mesa de una comida sencilla hasta el lugar que habitamos.
Creo profundamente en la importancia de crear espacios donde "se esté bien". Y aunque siempre, siempre, lo primero son las personas, es precisamente por esa primacía por lo que el "cómo" de las cosas importa tanto: en el hogar o en el trabajo, un objeto, por funcional que sea, siempre puede ser bonito y, muchas veces, bello también.
Más que una creadora de imágenes o textos —que a menudo pertenecen a los gigantes en los que me apoyo—, me considero una compositora estética. A través de mi trabajo artesano, busco ofrecer una experiencia multisensorial en cada pieza: un encuentro que se sucede a través de la mirada, el tacto y, a veces, el aroma.
Me dicen que mi trabajo es "alimento para el alma" y que con él hago feliz a la gente. ¡Espero que así sea!

Mi lugar de trabajo, más allá del taller y el despacho, habita en muchos otros espacios. Es la familia que sostiene y los amigos que animan, pero, sobre todo, es la persona que camina conmigo: mi esposo. Él está detrás de ¡tantas cosas!; es gracias a su entrega que este proyecto es, hoy, una realidad.

